Recuerdo

...que había tres “wincos” repartidos en la familia: El que tenían en casa mis padres, Cristina y Alfredo; el que estaba en lo de mis abuelos paternos, Pastora y Florencio y el que tenía la “nona”, Matilde. Así, en el marco de una familia de melómanos, crecí escuchando las colecciones de música de mis tíos, los vinilos de folclore que quedaban de los 60’, “Píccolo, Saxo & Compañía”, las canciones de Margarito Tereré, y las nueve de Beethoven.

...que el primero de mis instrumentos fue quizás una especie de sikus hecho con botellas de vidrio -del almacén que tenía mi abuela- afinadas con agua. Los intentos de guitarritas de madera con banditas elásticas (“elastiquines” en mendocino) siempre fracasaron. Cuando llegó a mis manos la flauta dulce me dí cuenta de que la mayor diversión posible consistía en lograr tocar con ese “juguete” cualquier cosa que escuchara.

...que la primera vez que vi muchos músicos juntos fueron los de la Orquesta Sinfónica de Mendoza. Los conciertos eran en una galería céntrica. Íbamos con mi papá y la escuchábamos acodados a una baranda. Dirigía Juan Zorzi que después fue mi profesor de composición. Me acuerdo de haber ido a ver más de una vez a un grupo de música para chicos que se llamaba “Los Juglares”. Inolvidable el recital de Mercedes Sosa al retornar la democracia. Fue en el anfiteatro natural de mi provincia, enclavado en los cerros.

...que cantaba canciones con letra y también música que no tenía letra y que tampoco estaba escrita para ser cantada, como uno de los conciertos para guitarra de Vivaldi. Con mis hermanos lo habíamos bautizado “El Táraran- táraran”, porque ese era el texto que calzaba justo con la intro de las cuerdas. Cuando cumplí nueve años comencé a prepararme para integrar el Coro de Niños de Mendoza. En ese lugar, en la Escuela de Música de la Universidad Nacional de Cuyo, fue donde aprendí que las notas tenían nombre. ¡Había pianos en las aulas y pizarrones pentagramados! En ese hermoso edificio de la calle Lavalle - donde recibí mis primeras lecciones con el Maestro Coltro- supe que quería ser músico.

Lo que siguió:

Me recibí de Profesor Nacional de Música, con especialización en guitarra. Pronto empecé a trabajar enseñando música a chicos de entre 6 y 13 años. Entre 1993 y 2004 tuve el honor de formar parte del Coro Nacional de Jóvenes. Mi actividad como arreglador me ha dado muchísimas satisfacciones, entre ellas haber podido editar parte de mi trabajo, haber compuesto los arreglos para el repertorio integral de la Embajada Musical Andina (dependiente de Música Esperanza, UNESCO) y haber aportado con mi arreglo de “La Chacarera del Rancho” para el repertorio que el Coro Nacional de Jóvenes grabó en el CD “Música de mi Tierra” interpretándolo a su vez durante la gira a Texas-Los Ángeles y en el Concurso Internacional de Coros de Spital, Austria, donde se obtuvo el 1º premio en interpretación de música popular.
Luego de 5 años trabajando en la Universidad de Buenos Aires como coordinador del Centro Cultural José Ingenieros de la Facultad de Medicina, me desempeño actualmente como director de los coros de la Facultad de Ciencias Económicas (UNLZ) y de ADUBA. Canto en el grupo vocal “Oigo Voces” para el cual hago los arreglos y el trabajo de dirección. Toco la guitarra en el grupo de folclore “La Humita es Tamal”. Con ellos interpretamos algunas de mis composiciones.