"Se murió la e" y otras cuantas muertes
(selección de escritos de Mario Esteban)
(selección de escritos de Mario Esteban)

Abandono
La vereda de la casa de los Melglarejo se encuentra muy delicada de salud. No se sabe si sobrevivirá.
Si bien su aspecto es magnífico y cada una de sus baldosas conservan el brillo por el que se destacaron siempre, la vereda antes mencionada no ha podido soportar la tala del jacarandá, la colocación del buzón del correo privado y -básicamente- la mudanza de los Melglarejo.
En horas de la madrugada sufrió un infarto de pastina tras el que permanece en estado de coma.
-Siempre fue una vereda muy sensible.- Declaró la luz verde del semáforo peatonal de la esquina.
-No estoy de acuerdo.- Acotó la luz roja.
Los Melglarejo partieron hace dos semanas a una casa más amplia en el Barrio Cementerio. Los para-albañiles anunciaron que el pronóstico es reservado.
La vereda de la casa de los Melglarejo se encuentra muy delicada de salud. No se sabe si sobrevivirá.
Si bien su aspecto es magnífico y cada una de sus baldosas conservan el brillo por el que se destacaron siempre, la vereda antes mencionada no ha podido soportar la tala del jacarandá, la colocación del buzón del correo privado y -básicamente- la mudanza de los Melglarejo.
En horas de la madrugada sufrió un infarto de pastina tras el que permanece en estado de coma.
-Siempre fue una vereda muy sensible.- Declaró la luz verde del semáforo peatonal de la esquina.
-No estoy de acuerdo.- Acotó la luz roja.
Los Melglarejo partieron hace dos semanas a una casa más amplia en el Barrio Cementerio. Los para-albañiles anunciaron que el pronóstico es reservado.
Ansiedad
El gusano ansioso quería volar antes de volverse mariposa.
El gusano ansioso era, además de ansioso, un gusano casi inteligente. Bajo el árbol en que vivía se instaló una mañana una carpa azul y verde con un mosquitero en la ventanita.
En la carpa azul y verde se metieron dos personas a taparse del sol. Pronto, una hormiga llegó hasta el mosquitero de la ventanita y el gusano ansioso vió como el dedo mayor de una de las dos personas golpeaba con tal fuerza la tela de la carpa, que la hormiga salía disparada como tres metros y medio hasta donde estaba pudriéndose un pomelo. (Más o menos hasta ahí).
Luego de la hormiga vinieron otras hormigas y otros bichos y todos fueron a parar cerca del pomelo que estaba pudriéndose.
El gusano ansioso que quería volar antes de ser mariposa pensó: "Si llego hasta donde lanzaron a esos insectos voy a poder volar sin necesidad de alas." Y se lanzó desde una rama que estaba justo arriba del mosquitero de la ventanita cayendo cayó redondamente, provocando el ruido exacto de una tela golpeada por un gusano ansioso. Pero resultó que quien había golpeado con su dedo mayor a los bichos anteriores invitó ahora a la otra persona a disfrutar del ocioso entretenimiento.
-Mirá este horrible gusano.- Dijo. - ¿Querés golpearlo con tu dedo mayor, así?-
-Sí.- Respondió la otra persona, que con una fuerza mucho mayor que la de su compañero, proyectó al desconcertado gusano ansioso hasta la bosta recién hecha por una vaca, donde murió tras dos horas de asquerosa agonía.
El gusano ansioso quería volar antes de volverse mariposa.
El gusano ansioso era, además de ansioso, un gusano casi inteligente. Bajo el árbol en que vivía se instaló una mañana una carpa azul y verde con un mosquitero en la ventanita.
En la carpa azul y verde se metieron dos personas a taparse del sol. Pronto, una hormiga llegó hasta el mosquitero de la ventanita y el gusano ansioso vió como el dedo mayor de una de las dos personas golpeaba con tal fuerza la tela de la carpa, que la hormiga salía disparada como tres metros y medio hasta donde estaba pudriéndose un pomelo. (Más o menos hasta ahí).
Luego de la hormiga vinieron otras hormigas y otros bichos y todos fueron a parar cerca del pomelo que estaba pudriéndose.
El gusano ansioso que quería volar antes de ser mariposa pensó: "Si llego hasta donde lanzaron a esos insectos voy a poder volar sin necesidad de alas." Y se lanzó desde una rama que estaba justo arriba del mosquitero de la ventanita cayendo cayó redondamente, provocando el ruido exacto de una tela golpeada por un gusano ansioso. Pero resultó que quien había golpeado con su dedo mayor a los bichos anteriores invitó ahora a la otra persona a disfrutar del ocioso entretenimiento.
-Mirá este horrible gusano.- Dijo. - ¿Querés golpearlo con tu dedo mayor, así?-
-Sí.- Respondió la otra persona, que con una fuerza mucho mayor que la de su compañero, proyectó al desconcertado gusano ansioso hasta la bosta recién hecha por una vaca, donde murió tras dos horas de asquerosa agonía.
Cronometraje
El bicho bolita perspicaz va subiendo el tronco de un árbol alto. Cerca, sentado contra el tronco de otro árbol, una persona lo observa y piensa: "¿Cuánto tardará el bicho bolita en llegar arriba?" Luego la persona prepara el cronómetro de su reloj deportivo y comienza a medir el tiempo de escalada.
Inmediatamente el bicho bolita perspicaz advierte la inquietud de la persona y decide: "Voy a demorar tres veces lo normal de esta subida para confundir a ese mequetrefe." Entonces comienza a distraerse con arañitas y pulgones y a desviarse por cortezas y ramas en otras direcciones.
Al cabo de ocho minutos, la persona se aburre y se va.
El bicho bolita perspicaz, por más velocidad que imprime a su marcha, ya no alcanza a sus parientes que migraban esa tarde al techo de una construcción y quienes -hartos de esperarlo- partieron por un secreto camino, dejándolo solo por siempre jamás.
El bicho bolita perspicaz va subiendo el tronco de un árbol alto. Cerca, sentado contra el tronco de otro árbol, una persona lo observa y piensa: "¿Cuánto tardará el bicho bolita en llegar arriba?" Luego la persona prepara el cronómetro de su reloj deportivo y comienza a medir el tiempo de escalada.
Inmediatamente el bicho bolita perspicaz advierte la inquietud de la persona y decide: "Voy a demorar tres veces lo normal de esta subida para confundir a ese mequetrefe." Entonces comienza a distraerse con arañitas y pulgones y a desviarse por cortezas y ramas en otras direcciones.
Al cabo de ocho minutos, la persona se aburre y se va.
El bicho bolita perspicaz, por más velocidad que imprime a su marcha, ya no alcanza a sus parientes que migraban esa tarde al techo de una construcción y quienes -hartos de esperarlo- partieron por un secreto camino, dejándolo solo por siempre jamás.
“Espirales contra mosquitos”
1- Paquidermo
El elefante nuevo del zoo tiene calor. Estampa su cuerpo contra una pared y se rasca la mugre de hace días y las picaduras de los mosquitos que están imposibles. Sabe que es jueves: Pronto vendría el cuidador, pero con esta lluvia…
El elefante nuevo del zoo enciende un espiral. Lamenta tener que soportar ese humo del demonio, pero ya no tolera ese zumbido y la molestia en todo el cuerpo. -Tal vez- piensa –debería arrastrarme por el suelo y aliviar la picazón, pero con todo este fango…
Febrero es un mes fatal para el elefante nuevo del zoo: La gente ya no solo molesta los fines de semana. Ahora todos disfrutan de sus vacaciones y acometen contra su paciencia de lunes a lunes en horario corrido. Carnaval pone insoportables a los chicos y el elefante nuevo del zoo hace rabietas porque le tiran nieve artificial. Antes de ayer tuvo que violentarse: Una niña pretendía llenarle la trompa con el agua que vertía desde su pomo plástico. Ante el grito con que expresó su disgusto, una anciana corrió a las oficinas y se quejó del “elefante incivilizado”. A su suerte lo encerraron hasta la noche y lo dejaron en paz.
Recién, hace unos minutos, el elefante nuevo del zoo se quemó con el espiral, porque no lo vio, porque claro: está nervioso y bueno, hay que entenderlo. Ya deben ser como las diez. Ahora un enjambre de mosquitos hace su aparición en la zona. El elefante nuevo del zoo tata de encontrar un nuevo espiral, aquí, allá, - ¿Debajo de esa bolsa? ¿¡Dónde están esos malditos espirales!? -, pero tropieza con una piedra y cae al barro para que los insectos lo ataquen, inmóvil, indefenso.
El elefante nuevo del zoo tiene calor. Desde el suelo levanta la cabeza y busca un punto en el espacio para mirar. Entonces, allá, cerca de la fosa de agua, encuentra un aerosol. Está ilusionado: - ¿Acaso será “Baigón”, “Raid” o al menos “Fuyí” celeste?- Se levanta lentamente y camina hasta aquel lugar. Ahora la lluvia es atroz. El elefante nuevo del zoo mira el suelo y no logra identificar la marca del potencial insecticida, entonces un relámpago se emancipa por todo el cielo y el aerosol se ilumina, resplandeciente.
Justo en el momento en que el paquidermo leyó lo que decía el envase, pasaron varias cosas: Una rama del sauce le cayó en la cabeza, la puerta de la parte techada de la jaula se cerró a causa del viento (y él tenía la llave adentro), el cocodrilo del al lado empezó a reírse de él y, para variar, otros cinco o seis mosquitos hicieron de las suyas en el su cuello. Entonces fue cuando tomó la decisión: Al verse como un imbécil, mojado, picado, embarrado, golpeado, burlado, y ante un aerosol de “Rey Momo, la alegre nieve del carnaval”, tomó el recipiente, lo tragó, lo atoró en su garganta. Murió pensando en que le echarían la culpa a la gente, que arroja cosas en las jaulas de los animales, y no a su triste resignación de verano.
1- Paquidermo
El elefante nuevo del zoo tiene calor. Estampa su cuerpo contra una pared y se rasca la mugre de hace días y las picaduras de los mosquitos que están imposibles. Sabe que es jueves: Pronto vendría el cuidador, pero con esta lluvia…
El elefante nuevo del zoo enciende un espiral. Lamenta tener que soportar ese humo del demonio, pero ya no tolera ese zumbido y la molestia en todo el cuerpo. -Tal vez- piensa –debería arrastrarme por el suelo y aliviar la picazón, pero con todo este fango…
Febrero es un mes fatal para el elefante nuevo del zoo: La gente ya no solo molesta los fines de semana. Ahora todos disfrutan de sus vacaciones y acometen contra su paciencia de lunes a lunes en horario corrido. Carnaval pone insoportables a los chicos y el elefante nuevo del zoo hace rabietas porque le tiran nieve artificial. Antes de ayer tuvo que violentarse: Una niña pretendía llenarle la trompa con el agua que vertía desde su pomo plástico. Ante el grito con que expresó su disgusto, una anciana corrió a las oficinas y se quejó del “elefante incivilizado”. A su suerte lo encerraron hasta la noche y lo dejaron en paz.
Recién, hace unos minutos, el elefante nuevo del zoo se quemó con el espiral, porque no lo vio, porque claro: está nervioso y bueno, hay que entenderlo. Ya deben ser como las diez. Ahora un enjambre de mosquitos hace su aparición en la zona. El elefante nuevo del zoo tata de encontrar un nuevo espiral, aquí, allá, - ¿Debajo de esa bolsa? ¿¡Dónde están esos malditos espirales!? -, pero tropieza con una piedra y cae al barro para que los insectos lo ataquen, inmóvil, indefenso.
El elefante nuevo del zoo tiene calor. Desde el suelo levanta la cabeza y busca un punto en el espacio para mirar. Entonces, allá, cerca de la fosa de agua, encuentra un aerosol. Está ilusionado: - ¿Acaso será “Baigón”, “Raid” o al menos “Fuyí” celeste?- Se levanta lentamente y camina hasta aquel lugar. Ahora la lluvia es atroz. El elefante nuevo del zoo mira el suelo y no logra identificar la marca del potencial insecticida, entonces un relámpago se emancipa por todo el cielo y el aerosol se ilumina, resplandeciente.
Justo en el momento en que el paquidermo leyó lo que decía el envase, pasaron varias cosas: Una rama del sauce le cayó en la cabeza, la puerta de la parte techada de la jaula se cerró a causa del viento (y él tenía la llave adentro), el cocodrilo del al lado empezó a reírse de él y, para variar, otros cinco o seis mosquitos hicieron de las suyas en el su cuello. Entonces fue cuando tomó la decisión: Al verse como un imbécil, mojado, picado, embarrado, golpeado, burlado, y ante un aerosol de “Rey Momo, la alegre nieve del carnaval”, tomó el recipiente, lo tragó, lo atoró en su garganta. Murió pensando en que le echarían la culpa a la gente, que arroja cosas en las jaulas de los animales, y no a su triste resignación de verano.
2- Selección
En el medio del concierto, le picó a Serkini un mosquito en el centro del dedo mayor de la mano derecha. Serkini tuvo que interrumpir el Nocturno de Chopin para ir a buscar un espiral. Cuando volvía (el humo envolviéndolo de pies a cabeza), comprobó que la familia que había estado en una de las filas centrales de la platea se iba por la puerta del teatro, quejándose casi a los gritos de la “mediocridad” del espectáculo.
Más tarde, cuando Serkini lucía su habilidad en el segundo movimiento del “Claro de Luna” de Beethoven, le picaron en el codo siniestro varios mosquitos a la vez, y el susto lo desconcentró… y erró un acorde conclusivo. Furioso, se puso de pie y corrió tras bambalinas a por otro espiral. Cuando se sentó otra vez en la banqueta, advirtió que del público quedaba la miad y, casi triste, reanudó la interpretación de la pieza.
¡Se había preparado tanto! Desde hacía tres o cuatro meses había estado trabajando para el concierto. Además, la hija del intendente había prometido asistir a la velada y eso lo había estimulado aún más. Increíblemente, ahora tenía que enfrentarse a problemas imprevisibles como este: los mosquitos. Nada controla a esos insectos hoy en día. Ni siquiera el humo envenenado de los espirales.
El colmo de la situación llegó con “Encuentro en la noche, junto a la laguna”, una pieza que Serkini había compuesto especialmente para la ocasión. Ni bien sonaron los primeros acordes, del techo, de las cortinas y desde todos los lugares, se desprendieron cientos de mosquitos que no solo lo atacaron a él, sino a toda la totalidad de los espectadores (incluyendo a la hija del intendente) que, aterrorizados emprendieron una veloz retirada.
Cuando se dio cuenta, pobre Serkini, de que el motivo de la presencia de tantos insectos en la sala era el nombre de las obras de su repertorio, ya era tarde: Se había quedado solo y en silencio mirando el piano, que se perdía entre el humo de los espiales y la penumbra del Teatro Español, pensando en vaya a sabe que cuestión y reteniendo las lágrimas porque no había traído el pañuelo para secarse los ojos y limpiarse la nariz. No quería llorar y mojar su nueva camisa blanca.
En el medio del concierto, le picó a Serkini un mosquito en el centro del dedo mayor de la mano derecha. Serkini tuvo que interrumpir el Nocturno de Chopin para ir a buscar un espiral. Cuando volvía (el humo envolviéndolo de pies a cabeza), comprobó que la familia que había estado en una de las filas centrales de la platea se iba por la puerta del teatro, quejándose casi a los gritos de la “mediocridad” del espectáculo.
Más tarde, cuando Serkini lucía su habilidad en el segundo movimiento del “Claro de Luna” de Beethoven, le picaron en el codo siniestro varios mosquitos a la vez, y el susto lo desconcentró… y erró un acorde conclusivo. Furioso, se puso de pie y corrió tras bambalinas a por otro espiral. Cuando se sentó otra vez en la banqueta, advirtió que del público quedaba la miad y, casi triste, reanudó la interpretación de la pieza.
¡Se había preparado tanto! Desde hacía tres o cuatro meses había estado trabajando para el concierto. Además, la hija del intendente había prometido asistir a la velada y eso lo había estimulado aún más. Increíblemente, ahora tenía que enfrentarse a problemas imprevisibles como este: los mosquitos. Nada controla a esos insectos hoy en día. Ni siquiera el humo envenenado de los espirales.
El colmo de la situación llegó con “Encuentro en la noche, junto a la laguna”, una pieza que Serkini había compuesto especialmente para la ocasión. Ni bien sonaron los primeros acordes, del techo, de las cortinas y desde todos los lugares, se desprendieron cientos de mosquitos que no solo lo atacaron a él, sino a toda la totalidad de los espectadores (incluyendo a la hija del intendente) que, aterrorizados emprendieron una veloz retirada.
Cuando se dio cuenta, pobre Serkini, de que el motivo de la presencia de tantos insectos en la sala era el nombre de las obras de su repertorio, ya era tarde: Se había quedado solo y en silencio mirando el piano, que se perdía entre el humo de los espiales y la penumbra del Teatro Español, pensando en vaya a sabe que cuestión y reteniendo las lágrimas porque no había traído el pañuelo para secarse los ojos y limpiarse la nariz. No quería llorar y mojar su nueva camisa blanca.
3- Tarea
- Desenrosca un espiral contra mosquitos y no vendré a buscarte- dijo ella. Y él sin decirle nada corrió al negocio de la otra cuadra y trajo consigo tres cajas grandes de los de marca “Shellton”. Se sentó sobre la alfombra y emprendió la ardua tarea. Los dos primeros ya estaban rotos en la caja, así es que los tiró en el cesto de la basura y no se preocupó por reclamar. Tenía poco tiempo y además, aun le quedaban veintiocho.
-Desenrosca uno solo y no vendré a buscarte- dijo ella. Y a él ahí podía vérselo en el trajín de inventar el modo, de rebuscárselas sin demorar, de ganar el juego y ser más, de hacerlo, sí: desenroscar el espiral. Lo intentaba todo: Los humedecía, los empapaba en líquidos de todas las especies, los moldeaba con cuidado… Pero al verse rodeado de trozos y trocitos de espirales hechos añicos, se asustaba cada vez más y a cada instante se ponía más y más nervioso.
El tiempo corría y era despiadado. En no mucho tiempo la alfombra se convirtió en un todo verde de polvo y partículas de espirales. Y él en ese ámbito de lucha vana, se encontró con el último espiral entero.
El desenlace fue veloz: poco tardó en quebrarse el último “Shellton” de la caja, motivo de la derota por la que él, juntó un poco de polvo de la alfombra y comenzó a comerlo hasta empalagarse de veneno. Cuando estuvo muerto, pasó ella con su bolsa eterna, lo echó dentro y se fue. Se fue lentamente, silbando una canción de Los Beatles.
- Desenrosca un espiral contra mosquitos y no vendré a buscarte- dijo ella. Y él sin decirle nada corrió al negocio de la otra cuadra y trajo consigo tres cajas grandes de los de marca “Shellton”. Se sentó sobre la alfombra y emprendió la ardua tarea. Los dos primeros ya estaban rotos en la caja, así es que los tiró en el cesto de la basura y no se preocupó por reclamar. Tenía poco tiempo y además, aun le quedaban veintiocho.
-Desenrosca uno solo y no vendré a buscarte- dijo ella. Y a él ahí podía vérselo en el trajín de inventar el modo, de rebuscárselas sin demorar, de ganar el juego y ser más, de hacerlo, sí: desenroscar el espiral. Lo intentaba todo: Los humedecía, los empapaba en líquidos de todas las especies, los moldeaba con cuidado… Pero al verse rodeado de trozos y trocitos de espirales hechos añicos, se asustaba cada vez más y a cada instante se ponía más y más nervioso.
El tiempo corría y era despiadado. En no mucho tiempo la alfombra se convirtió en un todo verde de polvo y partículas de espirales. Y él en ese ámbito de lucha vana, se encontró con el último espiral entero.
El desenlace fue veloz: poco tardó en quebrarse el último “Shellton” de la caja, motivo de la derota por la que él, juntó un poco de polvo de la alfombra y comenzó a comerlo hasta empalagarse de veneno. Cuando estuvo muerto, pasó ella con su bolsa eterna, lo echó dentro y se fue. Se fue lentamente, silbando una canción de Los Beatles.
DOS PRELUDIOS
1-Preludio sobre Abaporu (A Tarsila do Amaral)
“He muerto de tantas muertes.”
¡Tantas veces expresada
y tantas veces tal suerte
en estrofas ya contada!
¿De qué manera se versa
sin reiterar que me he muerto
de tantas muertes diversas?
¿De qué manera? ¡Qué incierto!
Si no encontrara la forma,
¿el poema he de evitar
porque reflejo de torna
de algún pretérito par?
¡Pues no! Mis fallecimientos
diversos he de expresar.
Lo ya cantado es cimiento
de todo nuevo cantar.
1-Preludio sobre Abaporu (A Tarsila do Amaral)
“He muerto de tantas muertes.”
¡Tantas veces expresada
y tantas veces tal suerte
en estrofas ya contada!
¿De qué manera se versa
sin reiterar que me he muerto
de tantas muertes diversas?
¿De qué manera? ¡Qué incierto!
Si no encontrara la forma,
¿el poema he de evitar
porque reflejo de torna
de algún pretérito par?
¡Pues no! Mis fallecimientos
diversos he de expresar.
Lo ya cantado es cimiento
de todo nuevo cantar.
2-Preludio sobre un solo hombre
(A Heitor Villa-Lobos)

Ya hemos llegado las canciones:
del agua-espuma, de las vertientes,
del agua-barro, de los pantanos,
del agua-tiempo, de los ríos.
En un hombre hemos llegado.
En uno, entonces en todos.
Ya hemos llegado las canciones:
Respirando en la verde caña,
Vibrando en la tensa cuerda.
Latiendo en el crudo cuero.
En un hombre hemos llegado.
En uno, entonces en todos.
Ya hemos llegado las canciones:
de la voz-paisaje, de la voz-camino
de la voz-nosotros, de la voz-lenguaje
de la voz-origen, de la voz-destino.
En un hombre hemos llegado.
En uno, entonces en todos.
Ya hemos llegado las canciones:
Murmurando semilla y tallo,
Diciendo rama y arbusto,
Gritando árbol y selva.
En un hombre hemos llegado.
En Heitor Villa-Lobos, todos.

Ya hemos llegado las canciones:
del agua-espuma, de las vertientes,
del agua-barro, de los pantanos,
del agua-tiempo, de los ríos.
En un hombre hemos llegado.
En uno, entonces en todos.
Ya hemos llegado las canciones:
Respirando en la verde caña,
Vibrando en la tensa cuerda.
Latiendo en el crudo cuero.
En un hombre hemos llegado.
En uno, entonces en todos.
Ya hemos llegado las canciones:
de la voz-paisaje, de la voz-camino
de la voz-nosotros, de la voz-lenguaje
de la voz-origen, de la voz-destino.
En un hombre hemos llegado.
En uno, entonces en todos.
Ya hemos llegado las canciones:
Murmurando semilla y tallo,
Diciendo rama y arbusto,
Gritando árbol y selva.
En un hombre hemos llegado.
En Heitor Villa-Lobos, todos.
Fundamento de la referencia
“He muerto de tantas muertes.”
¡Tantas veces expresada
y tantas veces tal suerte
en estrofas ya contada!
¿De qué manera se versa
sin reiterar que me he muerto
de tantas muertes diversas?
¿De qué manera? ¡Qué incierto!
Si no encontrara la forma,
¿el poema he de evitar
porque reflejo de torna
de algún pretérito par?
¡Pues no! Mis fallecimientos
diversos he de expresar.
Lo ya cantado es cimiento
de todo nuevo cantar.
“He muerto de tantas muertes.”
¡Tantas veces expresada
y tantas veces tal suerte
en estrofas ya contada!
¿De qué manera se versa
sin reiterar que me he muerto
de tantas muertes diversas?
¿De qué manera? ¡Qué incierto!
Si no encontrara la forma,
¿el poema he de evitar
porque reflejo de torna
de algún pretérito par?
¡Pues no! Mis fallecimientos
diversos he de expresar.
Lo ya cantado es cimiento
de todo nuevo cantar.